jueves, 28 de marzo de 2019

Lacrimosa 2019

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Lacrimosa
por:Leonardo Ramirez foto: Luis Flores

Hombres y mujeres vestidos de negro mayormente. Botas, algunas medias, algunas redes, algunas cadenas. Maquillaje y barniz de uñas negro. Corsets, vestidos y mucho estilo. Pero lo que más se notaba entre la gente la noche del viernes 22 de marzo en el Teatro Diana era la emoción de ver a una banda que seguramente a muchos de los asistentes les marcó la juventud. Así es como podríamos decir que se identifica a Lacrimosa, es una banda que ha dejado huella en muchas juventudes que se han acercado a la escena gótica en México. 

De hecho, el Time Travel World Tour es una gran oportunidad para recordar el valor que se le dieron a las canciones de la banda, pues vienen haciendo una recopilación a sus mayores éxitos, a sus más entrañables temas. El concierto fue en sí, un recorrido emotivo a piezas de su producción que han sido aclamadas por años y años de actividad por parte de los alemanes. Una banda que está muy cerca de cumplir treinta años de existencia. 


El Teatro se iba llenando paulatinamente. Poco a poco se iban llenando las filas de fanáticos. Al frente, en el escenario, ya estaban los instrumentos en su lugar y una pantalla al fondo para mostrar los increíbles visuales que regularmente la banda lleva consigo para apoyar sus conciertos. 

Y las luces se desvanecieron. La pantalla anunciaba la entrada de la banda. Después del promocional de la gira que daba la bienvenida al público y que todos tomaran posición, comenzó la entrada de Ich Bin Der Brennende Komet. Lo cual hizo rugir a todos los asistentes en sórdida emoción. Por fin había iniciado la música y pronto Tilo Wolff se unió a los músicos. Y con su voz, las voces que ya estaban verberando en el aire, centellearon aún más. Se sentía el retumbar de toda la música en conjunto con la agitación de los asistentes al evento. 

No cabe duda que Tilo ya sabe bien cómo manejar al público. Sabe muy bien cumplir las exigencias de sus seguidores que no cabían en sí mismos al tenerlo presente en el recinto. Lacrimosa fue tocando varias canciones que eran recibidas con respuesta evidentemente emocionada. Así iban recorriendo su propia historia y con ello, cada persona iba también recorriendo sus historias, lugares a los que se iban según la canción. Es indudable el efecto melancólico que producen los alemanes. 

Pero también Anne Nurmi debe ser mencionada con respecto a su tenacidad y desenvolvimiento en el escenario. Cuando llegó su turno de estar al frente de todos para cantar Not Every Pain Hurts, dio una maravillosa interpretación que le hicieron ganarse aplausos estridentes que resonaban con devoción a su innegable manera tan formidable de interpretación. 

El viaje que Lacrimosa otorgó a los asistentes en el recinto fue formidable. Desde el inicio tenían ya todo ganado a cada uno de los que fueron a verlos, a corear sus canciones, a viajar a sus propios terrenos melancólicos con cada una de éstas. Además, hay una evidente familiaridad de la banda con el público mexicano. Así que, ya llegando al final, Tilo mencionó que seguramente ya cabíamos lo que continuaba y claro, seguía Copycat. Para posteriormente terminar con la entrañable Alles Lüge
Y emocionados es como terminamos y así nos fuimos del Teatro Diana. Seguro más de un asistente al concierto llegó a emocionarse hasta las lágrimas. Muy seguro también es que a muchos las canciones de Lacrimosa les llevó a momentos muy específicos y especiales de su vida. Es parte del encanto de la banda, haber dejado huella en tanta gente y que después de años pueda haber un efecto directo de emotividad en sus seguidores. Una noche encantadora que esperamos haya una igual en un futuro no muy lejano. 








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